Una calle hacia ninguna parte

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Imagina que escuchas de fondo la noche, como si todo estuviera en silencio y la madrugada estuviera rodeándote a ti y a todos tus sentidos. Empiezas a susurrar y ha contar lo que sientes, lo que esta pasando por tu cabeza, como si nada ni nadie en este mundo pudiera escucharte, como si nadie pudiera entenderte. Empiezas a ver gente pasar, les sonríes, te sonríen, pero pasan de largo, se van y no vuelves a verlos, ves como cruzan la calle y se pierden doblando una esquina. La maleta te pesa. Estas en medio de la calle, solo, parado con el frió de la madrugada, sin esperar a nada ni a nadie, solo parado, sintiendo el frió en tus huesos y viendo como tu aliento se convierte en vapor blanco con cada susurro.

Deseas que alguien se pare, deseas que alguien te ayude, que no sea un espejismo. Que sea un realidad, que sea algo palpable, no un simple susurro, no una simple nota discordante que pasa de largo. Las sonrisas falsas, los sentimientos momentáneos, los espejismos… todo esta ya de mas en tu vida. Gritas, y gritas y nadie te escucha, lloras y nadie te ve. Cada vez ves mas gente a tu alrededor y nadie ni siquiera se atreve a mirarte. La maleta cada vez te pesa más. Nadie es capaz de preguntar que esta pasando, o que es lo que necesitas. Te cansas de gritar, de llorar… te quedas sin aliento, caes al suelo de rodillas sintiendo el frió, sintiendo la soledad del momento, de la situación, de tu vida. Una situación que te hace daño, nada físico, pero daño al fin y al cabo.

Maldices una y otra tu suerte, la maldices por no haberte aferrado a aquellos aviones de papel que hiciste hace años. Sabes que eran aviones de papel, pero siempre creíste, con la experiencia, que eso era mejor que nada en absoluto. Una esperanza, un rayo de luz al final detodo túnel. Dejar de sentirte perdido en medio de una calle que conoces a la perfección, en medio de tanta gente que no hace mas que pasar de largo. Cara extrañas que a veces quieren algo que a ti no te aporta lo mas mínimo..

Tu maleta empieza a pesar demasiado, demasiados recuerdos, demasiadas historias y teorías que no te han llevado a ninguna parte concreta, demasiados sueños, cumplidos y sin cumplir. En uno de los bolsillos de esa maletas están tus dudas, en otro tus miedos, y no sabes por que, pero esas dos partes pesan más que todo el conjunto. Buscas dentro alguna razón por la que tengas que seguir, buscas y rebuscas en el fondo de la maleta, en el fondo de tus recuerdos, en el fondo de tus experiencias, pero no encuentras nada, nada salvo una libreta en blanco y un lápiz con el poder dibujar. Comienzas un dibujo, lo arrancas… comienzas otro… y lo vuelves a tirar. No eres capaz de concentrarte, no eres capaz de visualizar lo que quieres mostrar, lo que te esta pasando en ese preciso instante. Todo se amonta, en medio de la calle, de rodillas, el frió, la gente, la maleta, su peso, los miedos, las dudas, la soledad, la desilusión… todo esta a punto de estallar…

Pero al final lo dejas todo a medias porque estas cansado de dibujar una y otra vez la misma historia… Haces que el lapiz y la libreta viajen por los aires muy lejos de ti y vuelves a la maleta y te la echas a la espalda, te levantas, y te vas calle abajo, con la cabeza agachada e intentando no sentir nada una vez más.

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1 Comentario

  1. A veces es fácil sentirse sólo rodeado de mucha gente, cuanta más gente hay, más soledad. Porque en realidad hay muy pocas personas y demasiada gente. A mí me pasa eso de vez en cuando aquí, en Barcelona, pero supongo que es normal. Me he mudado sola a otra ciudad y, aunque conozca a gente, es difícil que te hagan un hueco en sus vidas cuando llegas nuevo de fuera y solo.