Max: The Curse of Brotherhood – Análisis

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Max es un chico normal y corriente, al que su hermano le quita los juguetes. Una día, arto de los robos, decide buscar en internet como deshacerse de su hermano para evitar que esto vuelva a ocurrir. Encuentra una especie de conjuro que pronuncia y automáticamente se abre un portal que absorbe a su hermano y se lo lleva a otro mundo. Max, sorprendido porque creía que no iba a funciona,  salta detrás de su hermano a través del portal y emprende una aventura para recatarlo.

Así es como empieza esta juego Arcade exclusivo para Xbox One. En el encontraremos plataformas y puzzle a partes igual mediante un sistema de creación que convierte un rotulador mágico en una herramienta indispensable para nuestra aventura. Con el podremos hacer formas, que se convertirán en realidad. Estas formas creadas por nuestra mano, nos harán seguir avanzando cuando no hay camino visible. Por ejemplo podremos crear ramas, lianas o montañas de tierra a nuestro antojo y además, combinandolas conseguiremos mejores resultados.

Estamos ante un juego de plataformas 3D con scroll latera bastante adictivo, que combina de forma muy inteligente todos los poderes que podremos ver a lo largo de la aventura (en el tramo final se nos unirán los poderes de agua, fuego y uno especial que no desvelaré). Esta combinación de poderes, las físicas del propio juego y la fusión de todo ello con las plataformas, hacen de Max todo una sorpresa para los poseedores de una Xbox One, que si bien tiene cierto fallos que comentaremos algo más adelante, supera las expectativas puestas en el.

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En la parte de niveles contaremos con 7 capítulos con varios niveles cada uno, donde se fusionan las plataformas tradicionales de todo la vida, con niveles tipo speed run, que podrán a prueba nuestra pericia con los botones y nuestros reflejos,además de los puzzles. Todos estos niveles estarán ambientados en varias zonas diferentes como por ejemplo un frondoso bosque, un enorme río, unas catacumbas o el interior de un volcan repleto de lava. En total el juego nos puede dar unas 4 o 5 horas de juego, algo más si queremos hacer el 100% del mismo y recoger los coleccionables que se encuentran repartidas por los niveles, unos ‘ojos malvados’ y pedazos de un amuleto extraviado. El recolectar estos objetos podrá más a prueba nuestra pericia ya que llegar a cada uno de ellos será como un mini puzzle en si mismo.

Eso si Max: The Curse of Brotherhood sufre de ciertos fallos que hacen que le bajemos un poco la nota, como por ejemplo los tiros de cámaras que más de una vez nos juegan malas pasadas y nos dejan en puntos muertos donde no podemos utilizar nuestros poderes para acceder al secreto. Otro de los problema es el propio dibujo a mano alzada de las formas con nuestro mando, que más de una vez hará que muramos de forma inevitable, sobre todo en las fases donde tenemos que hacer varias cosas a la vez y muy rápido. En estas fases existen unos momentos de ‘tiempo bala’ pero si eres un poco más nervioso de lo normal, dibujaras churros en vez de lineas y esto hará que mueras de forma fulminante.

Nada grave, si, pero afean un poco el genial apartado gráfico de luces y sombras, los detallados escenarios y personajes y sobre todo los inteligentes puzzles y combinaciones de poderes que podremos encontrar a lo largo de la aventura.

Dado que estamos hablando de un juego a precio reducido, podemos perdonárselo y nos llevamos después de haberlo terminado casi al 100% un muy buen sabor de boca, mucho mejor que la primera vez que pudimos probarlo, que casi nos fue indiferente por no entender muy bien la mecánica de juego.

Una apuesta muy buena por precio/calidad que nos quitara de momento las ansias por los próximos lanzamientos de Xbox One.

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