Lucy – Crítica

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Habíamos escuchado mucho hablar de Lucy en los últimos meses, una producción de ciencia ficción protagonizada por Scarlett Johansson, que sirve de parón entre sus diferentes trabajos en las sagas Marvel. Pero, si bien es cierto que Lucy es ‘algo más’ que una cinta de acción al uso, no es ese peliculón que nos han estado vendiendo desde el otro lado del charco, tanto crítica como público.

Lucy tiene un punto de partida simple en su guión: Nuestra protagonista queda encerrada en una trama de tráfico de drogas casi sin darse cuenta. A partir de ahí,y con un desgraciado accidente de por medio, Lucy adquiere la posibilidad de alcanzar más del 15% del uso de su cerebro, haciendo gala de todo tipo de poderes y extrañezas. Y será esto lo que cambie radicalmente la cinta y la convierta en una especie de duda existencial entre la realidad del ser humano, la inutilidad de sus leyes físicas y todo un completo contexto de hasta donde podemos llegar.

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Lucy por tanto, se convierte en mucho más que una simple cinta de acción, haciendo que nos quedemos pegados a la pantalla intentando entender toda la información que nos da para justificar los poderes y la capacidades de la protagonista. Bebiendo de la filosofía de la saga Matrix, Lucy se podría resumir en que no hay cuchara, un concepto con el que saldremos del cine dandole vueltas a la cabeza y que nos aportará ese ‘algo más’. ¿ Qué pasaría si el ser humano utilizara el 100% de su capacidad cerebral ? ¿Está el ser humano anclado a unas leyes cerebrales que realmente no existen ?… No importa si científicamente esto es así o no en la realidad. La cinta comienza a tomar un tono filosófico y existencial que le dan consistencia al guión y que para bien o para mal, nos hará salir de la sale dandole vueltas a nuestro cerebro. Todo esto tiene un doble filo, y es que Lucy puede ser una completa locura sobre todo en su parte final, para ese público menos exigente que no quiere calentarse la cabeza y que solo quiere acción, por tanto la decepción para ellos está casi asegurada.

Para afianzar tanta filosofía existencial, el director utiliza metáforas visuales entre escenas, que le dan ritmo y consistencia a la trama y que hacen que salgamos por un momento de tanto trauma cerebral. Una gacela perseguida por un leopardo cuando Lucy se ve encuentra atrapada por el cartel de la droga en los primeros minutos de la cinta, imágenes de la primera mujer Neandertal, etc, etc. Todas estas escenas crean un estilo propio para la película, que la hace original.

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Para rematar Johansson y Freeman se come la pantalla en cada escena, sobre todo la primera interpretando a una Lucy indefensa y muerta de medio en la primera parte de la cinta y a una Lucy completamente distinta conforme avanza la misma. Freeman por su parte nos explica la cinta con voz en off y otras como si fuéramos los alumnos de su escuela, dándonos toda la información necesaria para que no nos perdamos entre tantas conexiones neuronales y dramas existenciales.

Lucy es entretenida, divertida y nos hace pensar, su planteamiento original no la convierte en la típica película sin alma, si no que hace que le demos vueltas a todo sus mensajes, que nosotros mismo utilicemos el cerebro al final de la cinta, así como lo hace la protagonista a lo largo de la misma. ¿Qué pasará cuando Lucy consiga utilizar el 100% de su cerebro?. Eso si, si no tienes ganas de que te calienten la cabeza con dudas existencias y pretendes ver una cinta más ligera, vete a Transformers 4.

Viernes 22 de agosto en cines españoles.

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