Lara, te echamos de menos

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Las personas normales, cuando pasan por una racha de no muchas alegrías (por decirlo de alguna manera), no se ponen a quitarle el polvo a viejas joyas de hace mas de 10 años de antigüedad. Pero resulta que yo no soy normal, y hace unos días me di cuenta que jugar con la antigua Lara me relaja y despeja. Seguro que es algún tipo de enfermedad nueva, que todavía no han sido capaces de catalogar.

Estos días que he estado repasando algunas de sus aventuras, de las antiguas y clásicas (las cuatro primeras, vamos), me he dado cuenta de la razón por la que la queremos tanto (los que la queremos) y el porque en el fondo nos resulta tan tan adorable. He intentado hacer una lista con chorradas que me he ido acordando poco a poco cuando volvía a pasar por la ciudad de vilcabamba de TR1, por el monasterio de los monjes del TR2 o por la cueva del meteorito de TR3.

– Ella tiene vida propia, siempre la tuvo. Cuando querías que hiciera una cosa, siempre hacia lo contrario, querías que saltara por un borde… ella siempre se tiraba sin saltar. Querías andar despacio para no caer… ella directamente se tiraba en plan suicida.

– No come, no bebe, no hace sus necesidades… solo corre.

– Es la única persona que no tiene agobio de estar a cientos de metros bajo tierra, o bajo el mar, sin inmutarse. Sola perdida de la mano de dios, ella nunca tiene miedo, nunca se pone nerviosa y nunca duda, es peor que un T-2000.

Siempre iba pegándose chocazos contra todas las paredes, por muy bien que la manejaras siempre terminabas comiéndote alguna esquina o pared que nunca viste en un principio.

– Iba a todos sitios pegando saltos, y más saltos… y de vez en cuando, como lo dicho anteriormente, se pegaba una ostia contra el techo en alguno de sus saltos no controlados. Habría que ver su cara después de un día de saltos, toda una medallita…

– En la segunda parte repetía tanto la onomatopeya ‘AhAA!!’ cuando encontraba un objeto/llave/medipack que a mitad del juego solo le deseabas la muerte, por pesada. Afortunadamente en la tercera parte, ella aprendió y cada vez que encontraba algo, procuraba callarse.

– Muchas veces, aunque el agua no le llegara ni por encima de las rodillas, a ella le costaba un trabajo inmenso andar por ellas, como si misteriosamente estuviera cubierta hasta la cintura.

– Es la única persona de este mundo que hace un baile estúpido y mágicamente le aparecen miles y miles de armas en su mochila.

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