El Hombre de los Puños de Hierro – Crítica

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Vuelven las artes marciales, vuelve la sangre a borbotones y las escenas sobre actuadas. El Hombre de los Puños de Hierro es una fusión entre una mente retorcida y las aventuras de samurais más exagerada que os podaís echar ala cara. Para rematar el pastel, todo ello tiene el visto bueno de Quentin Tarantino, que sabiendo como se las gasta el directo, no podríamos esperar otra cosa que no fuera sangre a borbotones.

Así, nos presentan una historia donde 7 clanes diferentes se enfrentan entre si por el oro del emperador, un guión clásico, que no deja de brindarnos escenas de acción voladores exagerada a las que ya estamos acostumbrados. Tanto es así que la cinta se las toma con humor, sobreactuando el sufrimiento y la muerte de muchos de los personajes llegando en casi todo momento a ser mucho más cómica que otra cosa, todo ello, intencionadamente para hacernos pasar un buen rato. Muchas escenas donde parece que es Tarantino el que está detrás de la cámara y que nos recordaran a Kill Bill.

Pero donde la película gana en absolutamente todos los sentidos, es en los decorados, los diseños y la imagen y de todos y cada uno de los personajes que aparecen en ella. El trabajo de fotografía y vestuario es simplemente espectacular y a veces, precioso. El escenario del burdel donde se desarrolla la mayoría de la trama, es espectacular y se aprovecha al 100%. Así todas y cada una de las peleas de la película se aprovechan hasta la saciedad del entorno en el que tienen lugar. Además, con unos colores saturados, la imagen general de la cinta es espectacular.

Otro punto a favor como comentaba, es el diseño de personajes, tanto de los clanes como de sus características y movimientos. Algunos de ellos, con sus movimientos constantes típicos con sonidos ‘corta-aire’ y sus estrafalarios tupes y disfraces, parecen salidos de un capítulo de los Power Rangers con mucho presupuesto, pero esto lejos de ser algo negativo, se transforma en positivo cuando toda la cinta es sobreactuada, exagerada, colorista y con una ironía latente.

Todo este esperpento nos da una imagen de comic samurai, como si hubieran hecho una adaptación de uno de esos comics violentos y la hubieran llevado a la gran pantalla. El caso es que lejos de esta sensación, la película es así y ha salido de la mente de su directo RZA, que por cierto, es a su vez, el protagonista de la película, puños de hierro.

El problema quizás, es su guión, que sufre a ratos de paradas demasiado ‘serias’ o que intentan serlo sin conseguirlo. Quizás han intentado llevar el equilibrio entre las escenas sobreactuadas de muertes imposible y batallas épico-absurdas, con ciertas escenas para intentar entender a los personajes, que se vuelven lentas y aburridas, porque precisamente, no llegan a su cometido. Una pena, porque con un ritmo mucho más acusado la cinta hubiera sido redonda.

El viernes 23 de noviembre en nuestros cines.

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