Cuentos de Hadas

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Desde pequeños nos comienzan a lavar el cerebro. Comienzan a inculcarnos la idea del amor verdadero, de la pareja perfecta, de que todo es un cuento de hadas. Todo gira en torno a ello, al mismo tema, al mismo final. Chico – chica, la pareja perfecta, el ‘amor que siempre han estado esperando’. Me hace gracia todo esto, por que siempre se olvidan del complemento real que tiene la vida. Aquel en el que los finales nunca son bonitos, en que las historias siempre terminan truncándose o que el amor verdadero / pareja perfecta, nunca llega.

En las películas los personajes nunca tienen dudas, saben que es la persona con la que han estado soñando la primera vez que cruzan miradas, saben que tienen que vivir juntos por encima de todas las cosas y de todas las demás personas… Nunca tienen miedo al fracaso en una relación, ni tienen miedo a la monotonía, o a que su pareja no les complemente como es debido. Tampoco se preocupan nunca de las deudas de la casa, de educar a sus hijos o de llegar a fin de mes, eso son banalidades sin importancia.

Ya no se si es por que es nuestra naturalaza, o por que nos los inculcan desde pequeños, pero todos queremos lo mismo en la vida (o casi todos). Uno ya duda si realmente es una necesidad o un lavado de cerebro desde muy pequeñitos. Tu te tienes que echar novia, fingir que es la mujer de tu vida, tener una gran casa y muchos hijos… si no, eres un especie de bicho raro o demasiado moderno.

Y no nos vayamos a mentir, a todos nos habrán pasado cosas de esas ‘bonitas’, que por unos segundos creímos que estábamos viviendo uno de esos cuentas, pero esas situaciones no duran. Son burbujas que estallan al poco tiempo de ser creadas por culpa de las expectativas tan grandes que nos pone por delante la sociedad y de cómo pintan esos amores eternos, eso de que el primer amor es el que nunca se olvida, etc, etc. Los finales felices, en la realidad, son historias inacabadas, que no se nos olvide.

A pesar de todo, de las desilusiones, de los fallos cometidos por ambas partes, del aprender a base de palos… a pesar de todo eso, uno sigue cuidando a ese niño que tiene como mayor virtud la inocencia de seguir esperando ese supuesto amor de cuento de hadas. Aunque mi parte adulta lo mire con algo de pena y resignación.

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