“The Evil Within” – Análisis

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The Evil Within nos los venderion como la vuelta de los Survival Horror de corte clásico, sobre todo porque detrás del proyecto estaba Shinji Mikami, creador del primer Resident Evil, pero al final el resultado ha sido una especie de frankenstein que coge partes de cada uno de sus juegos preferidos para crear algo que a primeras funciona, pero que se va degradando poco a poco conforme avanza en la trama.

Por mucho que lo hayan vendido como un Survival Horror de corte clásico ‘actualizado’, The Evil Within bebe más de Resident Evil 4, que de la primera entrega de la saga. Esto quiere decir que en su jugabilidad tendremos tiros, hordas de enemigos, tensión y muy pocos puzzles (pocos por decir algo, porque creo haber contado solo dos puzzles en todo el juego). Y es aquí donde la propuesta de The Evil Within falla estrepitosamente, porque se queda a medio camino entre un Survival Horror y un Survival Action: Tenemos muchos enemigos a los que destrozar, pero muy pocas balas, algo completa incomprensible ya que provocará situaciones en las que lleguemos a enemigos finales sin balas, teniendo que resetear el capítulo o incluso la partida completa.

Es cierto que los fans de los survivals hemos pedido la vuelta del género muchas veces, pero no así. Y es que si lo comparamos con el primer Resident Evil donde predominaban los puzzles, en este podíamos huir de nuestros enemigos para ahorrar balas para los enemigos finales. Pero en The Evil Within es imposible hacer eso, ya que el propio juego te obliga a destrozar a los enemigos para poder avanzar, por lo que existe un desequilibrio en la jugabilidad que hace que el juego sea extremadamente difícil, incluso estando en el nivel normal del mismo. No te damos balas, pero te obligamos a que mates a hordas de enemigos cada dos pasos. Como os digo, me he llegado a enfrentar un par de veces con enemigos finales sin balas, esperando que al juego se le ocurriera de alguna forma proporcionarmelas, he muerto muchas veces y otras tantas me he encontrado en callejones sin salida por no poder avanzar, al no poder acabar con un enemigo concreto.

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Si a esto le añadimos que el principal objetivo del juego no es que el jugador disfrute, si no que sufra, entenderéis lo que os digo: Tendremos trampas en cada esquina, bombas, cables, trampas sorpresa, trampas dentro de trampas, trampas dentro de trampas que tienes que desactivar mientras acabas con un enemigo final, trampas dentro de trampas que tiene que desactivar mientras intentas matar sin balas a dos enemigos finales… y así hasta el infinito, el más difícil todavía. El juego es un continuo puteo al jugador a cada segundo sin casi descanso, lo que convierte el nerviosismo de los primero capítulos en un hastío y desgana horrible porque no hay un momento de siego, un puzzle o simplemente, alguna parte donde no tengamos que hacer otra cosa, más que huir, matar o superar trampas.

Todo esto se carga la experiencia de juego completamente, ya que lo que en un principio comienza con tensión e incluso algún que otro susto, se convierte en un repetir y repetir hasta que en una de las veces tengas suerte y puedas sortear la trampa, enemigo o fase en la que estas, perdiendo absolutamente toda la gracia, acabando con toda la tensión y rompiendo por tanto con el encantado del mismo. Vamos, que llega un momento que tienes que repetir tantas veces lo mismo, y de forma tan continuada que el juego se convierte en un autentico coñazo, y te puede más el deseo de terminarlo de una vez que el de disfrutarlo.

Para colmo parte de la historia está contada en textos y las cinemática dejan mucha información fuera de una trama que en principio se presenta muy interesante. Es más, seguramente habrá que hacer una segunda vuelta para enterarte 100% de todos los detalles de la misma, porque la narrativa no está mal, pero al ser una historia tan intrincada, merecía más explicación en su parte final, sobre todo por el sufrimiento provocado al jugador para llegar a dicha conclusión. Y es que la historia de The Evil Within me ha gustando mucho, pero no así la forma de contarla con muchos huecos en blanco y muchas escenas que intenta dar un toque de tensión sin conseguirlo.

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Eso si, la parte donde The Evil Within brilla es en el apartado técnico, sobre todo en las consolas de nueva generación. La iluminación, los efectos volumétricos, los enemigos en pantalla, todo ello hace que nos metamos desde el primer momento en el juego y lo disfrutemos como enanos (por lo menos los primeros capítulos). Sobre todo porque hay constantes referencias a otros surivivals horror, como por ejemplo el primer Resident Evil o Silent Hill 2. Así mismo el diseño de los enemigos tambien está a la altura, aunque recuerden muy mucho a los de la saga Silent Hill. De hecho en todo momento estaremos pensando que lo que vemos en pantalla, es una fusión entre Resident EVil y Silent Hill, con poco o ningún afán por parte de los diseñadores por ocultarlo.

Conclusión de “The Evil Within”

Para muchos The Evil Within puede significar un autentico reto, y estarán encantados de pasarlo tan mal, pero para alguien que esperaba una vuelta al Survival Horror clásico, el juego será una decepción, ya que básicamente no tiene nada que nos haga recordar aquellos pasillos y aquellos puzzles, salvo algún que otro guiño puntual. The Evil Within es una evolución de Resident Evil 4, con enemigos de Silent Hill y un desequilibrio brutal en la jugabilidad que la cuarta entrega no tenía. Eso si, iluminación, diseño de enemigos y de escenarios, brutal.

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